martes, 21 de junio de 2011

Emil García Cabot


A SOLAS

Llegada la hora del reposo

entre el día que fue y el que será,

como flores que se cierran al ocaso

y pájaros que despiertan en la hora tempranera,

privados de la lira,

los interrogantes son apenas sombras

anudadas a una sarta

de sueños e indulgencias.

-----------------

Pocos han de ser los hechos que perduren

más allá de la memoria

cuando el tiempo se vuelva desmemoria,

concreto tiempo de una vida

---------o el abstracto tiempo en que toda vida se diluye


Xilografía de Víctor Rebuffo

lunes, 6 de junio de 2011

Susana Fernández Sachaos




Susana ¡me dejaste sin palabras!


INANIA VERBA


Hago mías las que recibí en un correo enviado hoy por la poeta Susana Cattaneo.



"Susana, compañera mía en Extranjera, responsable, recta, cumplidora.
Susana, esa mujer a veces muy callada, otras con una sonrisa de dulzura.
Susana, una mujer misteriosa que peregrinaba por las palabras que cada uno de nosotros escribía.
Para ella este recordatorio, con un poema suyo que escribió a su madre, a quien cuidó tanto y tantos años durante su enfermedad y vejez. Y a quien tanto quiso.
A Susana, mujer de luz."


HOMENAJE A MI MADRE


De Susana Fernández Sachaos


¡Oh muerte afortunada que no conoces
los sueños caídos!
O quizás desafortunada porque
nunca te posarás sobre el inmenso mar,
ni el verdor de la hierba ascenderá
a tus huecos, ni caminarás por el rocío
mientras despiertan las semillas.
Me gusta pensar que no has tocado
a mi madre, que ella volverá de misa,
con su extensa mantilla, su traje de aurora
y su rosario. Que me traerá sándalo y mirra
como una reina maga y pequeños pasteles
de miel con sabor a higo.
Pensando en ella, me libro de tí, ¡muerte!
Ahora la veo en su jardín,
solitaria, única, entre capullos nacientes,
como un colibrí o una rosa.


"Este poema fue escrito en el año 2008.
Susana, siempre estarás en mi recuerdo
Susana Cattaneo."




Susana Fernández Sachaos,

en nuestro recuerdo, siempre.

martes, 24 de mayo de 2011

Basia Kuperman

Basia Kuperman

VER PARA SER

Inauguración: 31 de mayo de 2011, 19 hs.

ATICA

Galería de Arte

Libertad 1240 - PB "9"

sábado, 30 de abril de 2011

Ernesto Sabato - Buenos Aires 1911 -2011




El escritor y el hombre

Hoy, en algún lugar misterioso e indescifrable, Martín y Alejandra -los entrañables protagonistas de Sobre héroes y tumbas- se reunieron por fin con su creador.



Pero no fue seguramente el único hecho extraordinario que se registró hoy. Es probable que todos los personajes de esa inmensa novela, que en 1961 conmovió a los argentinos en sus entrañas más profundas, se hayan encontrado con Ernesto Sabato y hayan descubierto que la creación literaria está tan cerca de la vida como la obra de Dios.



Acaso sucedieron otras cosas. Puede ser que en un banco de Parque Lezama algún transeúnte nostálgico -o alguna mujer marginada y sin destino- haya experimentado un íntimo sacudimiento.



Puede ser también que alguna pareja de enamorados haya descubierto, de pronto, que en la zona sur de Buenos Aires es posible conocer la felicidad sin tener que pagar el precio atroz de dejarse acariciar la piel por las llamas de un fuego inmisericorde.



Tal vez alguien atravesó la plaza contigua a la iglesia de la Inmaculada Concepción, en Belgrano, con el puño apoyado en un bastón de ciego y con la mirada puesta en una recova que hace ya tiempo logró desprenderse de los fantasmas que solían habitarla en sus pisos superiores. Quizás el sobrecogedor Informe sobre ciegos -ese deslumbrante capítulo de Sobre héroes y tumbas- dejó de ser una crónica referida a los elegidos por el infortunio o la locura y pasó a ser, simplemente, un canto de gratitud y de dolor por la infinita ambivalencia de todo destino humano.



Acaso los restos de Juan Lavalle -y los de otros argentinos del pasado que soñaron con un mundo mejor- salieron a recorrer nuevamente los inhóspitos caminos de la patria, pero no para escapar del horror, sino para celebrar la certeza de que "nunca más" en la Argentina las estructuras de la muerte envenenarán el aire y "nunca más" un río de sangre pasará por las casas de los hombres.



Sabato concluyó su afanosa búsqueda de sí mismo. Y se fundió en un mismo abrazo indisoluble con sus seres queridos y con sus personajes. Y descubrió, probablemente, que las claves últimas del enigma que trató de desentrañar en vano durante casi un siglo estaban escondidas en sus propios libros. Su propia mano había ido trazando los signos del misterio que tan obsesiva y apasionadamente había pretendido extraer de las erráticas y azarosas circunstancias de su vida. El hombre y el escritor eran, después de todo, una única e indestructible realidad.



Sabato se desprendió de sus fantasmas y descubrió que el pulso de sus libros y el latido de sus sentimientos respondían a un único y acompasado ritmo. Y se recuperó a sí mismo, acaso, en las páginas de Uno y el universo, su lúcido ensayo inicial, pergeñado en un rancho de Córdoba en 1943 y laureado poco después en Buenos Aires con el Primer Premio Municipal y con el Gran Premio de Honor de la SADE.



Y releyó, seguramente, las páginas de El túnel, su primera gran novela, bosquejada en París en 1947 -cuando estaba trabajando para la Unesco- y publicada sucesivamente en Buenos Aires, en Nueva York y en Francia, país donde fue editada por Gallimard por expresa recomendación de Albert Camus. Y revivió, tal vez, las emociones que en las décadas siguientes habría de volcar en sus otros ensayos memorables: Hombres y engranajes, Heterodoxia, El escritor y sus fantasmas, Apologías y rechazos .



Damos por descontado que tiempo atrás, Ernesto canturreó con voz trémula las estrofas del Romance de Juan Lavalle -tan refinadamente musicalizado por Eduardo Falú- y se miró luego en el espejo dislocado y espléndido de Abaddón, el exterminador, su tercera gran novela, editada en 1974. Y quizá repasó sus agudísimos diálogos con Jorge Luis Borges, nacidos -también en la década del 70- de una afortunada iniciativa de Orlando Barone.



El autor de El túnel revivió, probablemente, su fecunda y decisiva experiencia como colaborador de la revista Sur , sus inocultables coincidencias y discrepancias con Victoria Ocampo -a quien siempre se reconoció unido, sin embargo, por un estrecho lazo de gratitud- y, por supuesto, los ambivalentes sentimientos que presidieron su oscilante relación con Borges.



Quienes hoy sufrimos la ausencia definitiva de Ernesto Sabato sabemos bien en qué rincones de la geografía y de la memoria iremos, de aquí en más, a buscarlo, a traerlo de nuevo a nuestro lado. Lo encontraremos, una y otra vez, atravesando el enmarañado jardín delantero de su vieja y querida casa de Santos Lugares. Allí lo veremos abrirse paso, con aire nostálgico, entre araucarias, cipreses y magnolias, ciñéndose a un estrecho corredor de baldosas negras y blancas o pisando un mullido colchón de hojas secas. O lo sorprenderemos en el luminoso jardín del fondo de la misma casa, donde un árbol milenario de origen japonés convive armoniosamente con un alegre festival de flores -jazmines, hortensias, rosas y magnolias-, distribuidas en torno a las puertas y ventanas que comunican con los ambientes interiores de la casa. Como ha observado Julia Constenla en su emocionante libro biográfico Sabato, el hombre (1997), esos dos jardines de la morada de Santos Lugares —uno, sombrío; el otro, lleno de luz— han expresado siempre las dos vertientes esenciales del espíritu de Sabato: lo diurno y lo nocturno, lo oculto y lo visible, lo eterno y lo efímero, lo real y lo imaginado.



Durante muchos años, el que llegaba a esa casa sabía que iba a encontrarse en el centro de un mundo de afectos, fervores, misterios y profundas celebraciones de la vida. Sabía que iba a disfrutar de la espléndida calidad humana de sus dos principales habitantes, Ernesto y Matilde, y de su genio ilimitado para descubrir esa dimensión última de la vida en la que el corazón y la razón se unen y se rechazan, se abrazan y se desafían, se suman y se restan. Aunque terminen por entenderse y aceptarse recíprocamente a esa hora misteriosa del crepúsculo en la cual el espíritu humano toma conciencia de su infinito desamparo.



Hoy Matilde y Ernesto son dos ausencias que nos duelen, que nos desdibujan. Por supuesto, nos queda la obra del gran escritor, nos quedan los poemas admirables de Matilde y nos queda, sobre todo, el ejemplo de dos seres que arrostraron todas las tempestades sin dejar de ser ellos mismos y sin renunciar a convivir hasta el final con sus contradicciones, con sus sueños y con sus ansias de darle a la palabra —hablada o escrita— el más digno de los destinos.


Exaltado y reconocido internacionalmente como uno de los máximos exponentes de la literatura latinoamericana, Sabato no fue casi nunca visualizado como un escritor en estado puro. El mundo tendió siempre a considerarlo como algo más que un infatigable creador de literatura: le atribuyó además, con plena razón, el perfil de un intelectual comprometido con las causas superiores en las cuales se juega el destino de los pueblos libres y como un custodio tenaz de los valores que amparan la dignidad del hombre.



Su fervorosa militancia juvenil en las organizaciones ideológicas de izquierda, que en 1934 lo llevó a participar en Bruselas en el Congreso Internacional contra el Fascismo y la Guerra presidido por Henry Barbusse, contribuyó a fortalecer ese prestigio de gran humanista y de defensor inclaudicable de los derechos individuales que lo acompañó durante toda su vida.



Ese prestigio no le fue regalado: fue el justo reconocimiento a una conducta moral y cívica nunca desmentida. En 1956, cuando ejercía la dirección de la revista Mundo Argentino, se atrevió a denunciar por ese medio las violaciones a derechos humanos que se estaban registrando en algunas unidades policiales. Le enrostraba así al gobierno que había derrocado al peronismo sus propias desviaciones. Fue un gesto casi solitario de coraje: la revista pertenecía a la cadena periodística gubernamental y Sabato, naturalmente, tuvo que dejar el cargo.



Cuando el presidente Raúl Alfonsín, varias décadas más tarde, lo eligió para presidir la Comisión Nacional sobre la Desaparición de las Personas (Conadep), no hizo otra cosa que convalidar la idea que el mundo tenía del autor de Sobre héroes y tumbas: su liderazgo moral y su aguerrida conciencia cívica eran ampliamente reconocidos y valorados. La Conadep, integrada por un grupo de ciudadanos de parejo prestigio, presentó al año siguiente su informe Nunca más, un documento riguroso sobre las trágicas violencias pasadas y un llamado esperanzado a marchar hacia un futuro sin sombras.



Hoy, el décimo hijo del inmigrante calabrés Francesco Sabato y de Giovanna Ferraro -la inolvidable doña Juana, oriunda de Calabria, pero descendiente inequívoca de albaneses- y el escritor laureado en 1984 con el Premio Cervantes se miran por primera vez a los ojos sin el más mínimo recelo y descubren que ambos proyectan sobre el suelo la misma sombra. El platónico y lejano amor de Ernesto por la ciencia, ése que nació en su alma de alumno de la escuela secundaria el día en que un profesor le muestra la desnuda perfección de un teorema y deja de estar en conflicto con su arrolladora vocación de escritor. Tardíamente, el científico graduado en la Universidad de La Plata y el trotamundos de la literatura se confunden en un abrazo.



Hoy, el dolor y la pasión, el silencio y la palabra, la verdad y la ficción, están más cerca que nunca de acariciar el ideal de la unidad. Ernesto Sabato llegó al final del sendero. Contradictoria y misteriosamente, seguirá compartiendo con cada uno de nosotros el deseo y la esperanza de que el hombre se reconozca cada vez más a sí mismo en la diversidad del universo, y en la realidad esencial y sin fisuras de su dignidad y de su espíritu.


Diario La Nación. Sábado 30 abril 2011.

viernes, 25 de marzo de 2011

"La mansión infinita" Norma Mazzei




“La mansión infinita” de Norma Mazzei
(Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 2010, 92 p.)

16

- - - - - Evocación efímera
del juego infantil en las veredas:
giraba la bici la manzana
puro timbre al par del pedaleo,
iba de pie enarbolando
el moño suelto,
la risa abierta,
la falda rota.


21

Reina del sur, mi casa grande.
Yo que estuve en varia arquitectura
hallándote en paisajes muy diversos,
distingo en cada puerta que se abre
un puñado, un fragmento, una fracción del mundo.


33

[…]

Renuncio a los vallados que amedrentan la voz
aunque en ninguna voz me reconozca,
a los murales lavados con olvido,
a la gélida belleza de los ordenadores,
al pulso acelerado de la colmena global.
Renuncio a la dádiva ambigua que suprime
cuanto tenga de honor el desgraciado,
a los asentamientos que abaratan la tregua,
a los andenes de estaciones muertas
y al espacio mínimo que me paraliza.

Me aísla la franja humana alrededor que siento
del engranaje oculto en las moles de vidrio,
la explanada inerte, los árboles distantes,
la sirena a lo lejos de la ensenada ciega,
los reciclajes migrantes de las enormes fachadas.
Me aísla la marejada estéril de mutantes
de paso apresurado en su tribulación,
las muecas sin rostro, los ojos sin alma,
los silenciados seres que se enredan,
el abuso de fugarse por una puerta al vacío…

Evoco zonas de luz para no hundirme en la sombra
que transcurre las galerías del verso,
la avenida que aparece cual ofrenda:
el cántic de bronce a la energía
y grúas que lindan el gris del suelo.
Evoco el espigón de las faenas diarias
que apilados exhiben bolsas y cartones,
la rambla nueva, los patos blanquinegros,
la rumorosa fuente de la espuma
con su esplendor naciente de las aguas.

Me alegra tener un centro para barruntar el mundo,
un centro que es la casa de mis memorias,
un centro como un prisma develado
de puentes oceánicos y llanos verdes,
un centro etéreo que es ciudad.
Me alegra plateada por la luna
de mi sur intacto y majestuoso,
que sea su corazón
y que palpite a ritmo de orbe
con distinta llama.

Te espero, mansión infinita, eras de oro
para abrir siguiendo puertas a los días.
¡Cuánta locura aún que atrás no deja
que me olvide de vos sin apenarme!
El canto nada más que aporteñado y solo
vuelve frase la vida.
Te pierdo en el más lejano de los desarraigos,
te siento en mis pasiones más intensas
y te adivino a la par de las estrellas, ciudad mía.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Buenos Aires.


"En el fascinante pórtico del poema, la palabra juega a deslizarse por los vaivenes de la sangre, ascendiendo y descendiendo por los comprometidos puentes del pensamiento, anidando recuerdos, develando apetencias, anclando futuros en los recodos del mensaje.
[…] “La mansión infinita” es a mi entender, una original, bella y sentida confesión de pertenencia a las raíces que la sostienen: “Alguien observa calladamente / los suspiros del agua / y en tierra alguien agita un pañuelo / que implora embebido en llanto.”
[…] Si bien las imágenes contienen a un espacio determinado, el diseño luminoso de las palabras, excede a dicho espacio, situándolo en el goce musical y la hondura del recuerdo.
Nené D’Inzeo


Norma Mazzei —Buenos Aires, 1952. Es profesora y licenciada en letras por la Universidad de Buenos Aires. Ha sido becaria del Instituto de Cooperación Iberoamericana y realizó estudios de postgrado en la Universidad Complutense de Madrid, 1982-83. El Fondo Nacional de las Artes le asignó la beca de crítica literaria, 1987.
Sus obras editadas a la fecha:
POESÍA: Por nuestro abismo hacia el alba, Alucinaciones tres, Trazos y velos, Del fatal encantamiento, Constelario, Preludio al sol.
ENSAYO: La novela latinoamericana, Posmodernidad y narrativa latinoamericana, Lectura y comunicación, La novela latinoamericana (edición ampliada), El poder en la metáfora de la historia, La poética de Soto Vergés o la redención del deseo, Las magas de Cortázar.

lunes, 10 de enero de 2011

María Elena Walsh (1930-2011)


Asunción de la poesía

1
---------------------------------------
Yo me nazco, yo misma me levanto,
organizo mi forma y determino
mi cantidad, mi número divino,
mi régimen de paz, mi azar de llanto.
---------------------------------------
Establezco mi origen y termino
porque sí, para nunca, por lo tanto.
Soy lo que se me ocurre cuando canto.
No tengo ganas de tener destino.
---------------------------------------
Mi corazón estoy elaborando:
ordeno sufrimiento a su medida,
educo al odio y al amor lo mando.
---------------------------------------
Me autorizo a morir sólo de vida.
Me olvidarán sin duda pero cuando
mi enterrado capricho lo decida.
---------------------------------------
2
---------------------------------------
Me siento responsable del rocío.
Por mi culpa la piedra está callada.
Comparto la velocidad del río.
Tengo la obligación de la alborada.
---------------------------------------
Me importa demasiado el mundo. Ansío
su condición de lágrima y espada.
Nada sucede en su transcurso, nada
que no pase primero por el mío.
---------------------------------------
Sepan que por el viento me suicido,
que me atribuyo el mar y que concedo
a un tribunal de lluvia mi latido.
---------------------------------------
Asumo el día y cumplo sus deberes.
Vivo la ira de los hombres, puedo
amar con el amor de las mujeres.
---------------------------------------
3
---------------------------------------
Pájaros, necesito con urgencia
disimular mi nada. Necesito
ser la continuación de mi presencia,
sobrevivir en desatado grito.
---------------------------------------
Me da mucha vergüenza el infinito,
me humilla la sagrada permanencia.
Queriendo desafiarlas me repito
en obras de amorosa trascendencia.
---------------------------------------
Canto, desesperadamente canto
con voz de tinta y letras de agonía,
rota por dentro, loca por fuera.
---------------------------------------
Me duele ya la eternidad de tanto
predecir con furiosa rebeldía:
—“Mañana cantará mi calavera”


de “Hecho a mano”, 1965.
------------------
El Reino del Revés
-----------------------------------
Me dijeron que en el Reino del Revés
nada el pájaro y vuela el pez,
que los gatos no hacen miau y dicen “yes”,
porque estudian mucho inglés.
-----------------------------------
Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.
-----------------------------------
Me dijeron que en el Reino del Revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez,
y que dos y dos son tres.
-----------------------------------
Me dijeron que en el Reino del Revés
cabe un oso en una nuez,
que usan barbas y bigotes los bebés,
y que un año dura un mes.
-----------------------------------
Me dijeron que en el Reino del Revés
hay un perro pequinés
que se cae para arriba y una vez
no pudo bajar después.
-----------------------------------
Me dijeron que en el Reino del Revés
un señor llamado Andrés
tiene 1.530 chimpancés
que si miras no los ves.
-----------------------------------
Me dijeron que en el Reino del Revés
una araña y un ciempiés
van montados al palacio del Marqués
en caballos de ajedrez.
-----------------------------------
Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

martes, 4 de enero de 2011

Homenaje a Francisco Madariaga


‘EL POETA DE LOS ESTEROS’




"Mi relación es con un país natal, no con una nación jurídicamente hablando."
F. Madariaga

UN PALMAR SIN ORILLAS

El muerto en la campaña del otoño
------ha vuelto a florecer en mi
------memoria.
Ha vuelto el rostro contra huellas,
y ha arrancado la raíz del maíz terrestre
------y celestial,
crecido en los parajes de la sangre y
------caballadas.

Para nada ni a nadie reconozco en mi
------memoria
un poder mayor que el agua del País de la
------Garza Real,
o sólo tal vez al color del padre muerto
que vuelve a reclamar su derecho a un palmar
------sin orillas,
internándose en un desaparecido mar.


Dice Fabián Casas: “El movimiento surrealista, que partió de una profunda decepción por el imperio de la razón, ha tenido grandes intérpretes que lo han convertido en una fuerza productiva. Breton pudo ser un dogmático y un tipo histérico, pero celebremos su nadja, celebremos también los grandes saltos en el vacío de Artaud y la gran poesía de John Ashbery.
Madariaga, que nació en Buenos Aires en 1927, pronto se fue a vivir a Corrientes, entre los esteros, los gauchos, los caballos y el campo extraterrestre, donde su padre tenía una estancia. En la infancia, la época en la que uno carga el combustible puro, Madariaga atesoró los palmares celestes, sin orillas, los grandes caimanes y la paleta de colores de una tierra enloquecida. Es decir, no tuvo que hacerse surrealista, él vivía en el surrealismo, entendiendo a esto como una religión parecida a la que propugnaba Carl Christian Bry: ‘Una religión real educa para la veneración ante lo inexplicable del mundo. A la luz de la fe el mundo se hace más grande y también más oscuro, ya que conserva su misterio’.
De manera que este gran poeta fue sacerdote, habitante y gaucho cantor de esta zona onírica de singular belleza.” (Revista Ñ, 314, 2009)

SOMBRILLA DE AVELLANAS

El agua en la colima-castillo.

Con sombrilla de avellanas
llegaba el mar a la tierra.

Un automóvil de mirada amarilla
------era el invierno.

Una paloma sollozaba frente a una
------golondrina de mar.

La vertiente llovía sobre las lilas
------del paisaje.

En la suave licorería del otoño
bebían venadillas el color de una
------sangre.

Los labios del amor son como los
------del coral,
en cuyos arrecifes muere el luto.

“Su hada lo guiará hacia la bondad del paraje, a su ‘querencia sombría’, que a diferencia de Rimbaud, extinguido en la llama de su genio, Madariaga dominará el fuego primigenio hacia una armonía creadora, una claridad del lenguaje que perdurará a lo largo de su vida. [...]
El poeta toma las herramientas del espíritu nuevo, que obran como una nervadura en la misión de sacralizar cada partícula del universo poético.”
Élida Manselli


EL PARAÍSO DEL ESTERO

2
Me he descubierto en mi propio corazón,
tratando de envenenarme en las vastedades
------de las aguas.
La serpiente era la principal belleza
------dominante entre los colores de mi
------sangre.
La serpiente que ardía en el final de la
------frescura de mi memoria,
y copulaba con el tigre que salía intacto
------de entre los juncos de oro.

Después de todo esto
¿comprenderéis que no pueda decretar,
------definitivamente,
------ninguna Poética?


TEMBLADERALES DE ORO

El dolor ha abierto sus puertas al agua de oro del oro que arde contra el oro el oro de los ocultos tembladerales que largan el aire de oro hacia los rojos destinos pulmonares con el acuerdo de los fantasmas de oro coronados por los juncos de oro bebiendo los caballos de oro los troperos de oro envueltos en los ponchos de oro –a veces negro a veces rojo a veces verde- y el caballero que repasa las lagunas de los oros naturalmente populares el que se embarca en las balsa de oro con todos los excesos de pasajeros de oro que manejan los caballos de oro con los rebenques de oro bebiendo en la limetilla de oro del barro de oro de los sueños de los frescos del oro entre la majestad de las palmeras de oro y de los ajusticiados y degollados en las isletas de oro bajo de yacarés de oro del oro del amor.


“Francisco Madariaga arrea su tropilla de jaguares. No le teme al infinito. Mira, con sus ojos de agia, la lejanía del palmar. Y le dice al oído a su bayo que cabalgue, bajo ese cielo de fiesta.” Eduardo Mileo


EL MALGARZAREAL

1
Cualquier cosa...
con tal de barrer de la memoria
el mono errado de la muerte.

Yo no tengo País,
tengo isletas coladas por el agua.
Siempre he sostenido un placer de confesión
violento en el honor de mi memoria.

Islas de patos amarillos
para las mujeres más niñas de la voluntad,
mi sol, mi sol, mi sol,
he resuelto seguir hablando,
seguir bebiendo los juncales de los terrores
de la suerte.

6
Yo no lo acuso de cantar a la muerte,
yo no lo acuso de rodear a la muerte,
lo acuso de ser sin memoria a usted, cantor
------riente, cantor veloz
cantor que cae cuando cae el aliento de la
------suerte.
Sin memoria, oh huérfano amigo gentilísimo de
------alma más mojada por el mar.

8
Son las hojas las que me traen el mar.
¿Son las siestas las que deciden una parte de
------mi muerte para el mar?

10
Leo mal. Me encuentro embrutecido por
los libros... me acosan las imágenes ¿casi periodísticas?
de la naturaleza.
Pero estoy claro porque recibo las oleadas de mi
destino antiverbal, con una gracia de ultratumba
delgada sobrenavegando entre árboles esbeltos en
un clima jubilosamente invernal.
De esos climas que navegan por los aires, haciendo
germinar hacia el fondo los paisajes de
las angosturas vegetales y el reverbero de los
lagos-lagunas.

Y recibo, también, a mi destino antiverbal, con
una desgracia de leyenda de país enamorado.

“Varios viajes al interior que efectuamos juntos y diferentes actividades literarias que compartimos me permitieron estar bien cerca de uno de los poetas argentinos que más me conmovieron. Jamás podré olvidar su colaboración a la hora de preparar la antología Siete surrealistas argentinos. Nos reuníamos semanalmente en un bar de San Cristóbal y me relataba secuencias increíbles de la época de oro de las revistas Letra y Línea y A Partir de Cero. En esos diálogos evocó su amistad con Aldo Pellegrini, Enrique Molina, Juan Antonio Vasco y Carlos Latorre, También me contó emocionado sus encuentros con Oliverio Girondo y el comienzo de su relación, en la década del 50, con Edgar Bayley, quien con el paso de los años se convertiría en aliado y compañero inseparable.Javier Cófreces


VIAJE ESTIVAL CON LUCIO

-Aquí ya empieza a haber caballos
-------me decía.
Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde
------entre los colores del agua de la infancia.
Estábamos ya muy lejos de los bronces, los
------mármoles y los floreros pintados “al gusto de
------la familia” en los cementerios municipales.

Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo
------tren casi fluvial nos envolvía.
Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en
------las manos las ramas de las estrellas y
------el resplandor lentísimo de los ríos rosados,
------donde sangraba el sol de los caballos, las
------vaquerías y las antiguas guerras.

Era el primer viaje solos en el tren marrón que
------no quiere morir.

“Ahijado segundo de Oliverio Girondo, por vía de Enrique Molina, cuando el poeta porteño y compadre lo vio por primera vez le dijo: “Vea que tiene cara de comisario de campaña usted”. El autor de ‘En la masmédula’ se cubrió por las dudas, pero tenía ante sí, y pronto lo vio, un enviado de otro paisaje. Por eso, para el que vaya a leer sus poemas: ‘pon tu estribo de oro y de reserva / para bajar a beber miel y estero: / que ha llegado un jaguar a la tranquera’.” Jorge Aulicino


CRIOLLO DEL UNIVERSO

El blanco océano gira en mi corazón
mientras canta el otro océano de plata amarilla,
que se desprende de las aguas del sol.

Ya es muy tarde para ser sólo de una provincia,
------y muy temprano para pertenecer,
------todo,
------al planeta del venidero y sangrante
------resplandor.

Oh, acude a mí, a mi jerarquía de peón del planeta,
------gaucho con trenzas de sangre,
------mi padre,
y ensíllame el mejor caballo ruano del universo:
para atravesar el agua de oro de la muerte,
------y escúchame,
------todo,
------siempre en ti.

El blanco océano solloza por la inmortalidad.

Poemas seleccionados de “Un palmar sin orillas” Antología poética de Francisco Madariaga. Buenos Aires, Ediciones en Danza, 2009.
_____________

‘ENTRE AMIGOS’

RODOLFO ALONSO

El pasajero llevaba una palmera y unas riendas en las manos, cuando, de pronto, un lujoso y azul tranvía subterráneo lo condujo a una Posada para Celtas, un poco olvidada en el centro de Buenos Aires. De la misma salió un sobretodo, hecho con caracoles de una ría, y un hombre con un cartel que decía: “Mis padres atravesaron el Atlántico en un barco de papel, manejado por una pluma arrancada de un pájaro de Homero”.
Si me dijeran que hay en otra parte de este mundo una sonrisa tan cercana y tan lejana a la vez, sonreiría, descreído y un poco desorientado.
Pero ahí está Rodolfo Alonso, viajando a la tierra desde el infinito: hace, de este modo, su camino al revés, pero seguramente que será reversible, y alguna vez, a la vera de algún dios, lo tendremos rindiéndole cuentas a la poesía, con una libretita titulada Salud o Nada.
El tribunal de su rendición lo formarán sus mejores enemigos —si los tuvo—, algunas danzarinas, aliadas de la poesía, y un hada muy bella pero muy maliciosa, que finalmente firmará una sentencia que dirá: “La paz sea contigo, hijo de la poesía”.

Francisco Madariaga
de "En la tierra de nadie", Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1998, y publicado en "Antologia pessoal", Rodolfo Alonso, Brasilia, Thesaurus, 2003


A UN RESPLANDOR

Estuvo aquí, y resuena. Con orgullo
le contaré a mis nietos
que desde muy pequeño yo fui amigo
del poeta Francisco Madariaga.

Rodolfo Alonso
de "Poemas pendientes", Alción, Córdoba, 2010.