miércoles, 24 de mayo de 2017

Amar sí,,, pero cómo


AMAR SÍ… PERO CÓMO


P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Los otros días escuché una frase que me dejó pensando: no me ama, invierte en mí.
La asocié inmediatamente con el himno a la caridad, en 1 Cor 13, donde dice: puedo hacer muchas cosas por el otro, darlo todo, hasta entregar mi cuerpo a las llamas, pero si no tengo amor, de nada me sirve.
Inmediatamente me pregunté, ¿qué es lo que yo busco cuando ayudo a alguien, cuando hago algo bueno por el otro?
Lo cierto es que podemos hacer grandes y heroicas cosas, grandes sacrificios, laudables renuncias pero… qué buscamos detrás de todo lo que realizamos. Hasta qué punto, muchas veces, detrás de grandes entregas, no se esconde una búsqueda de uno mismo, amando al otro para ser estimado, reconocido, tenido en cuenta, amado por el otro. Cuántas veces damos cosas y nos damos a nosotros mismos, sabiendo que en algún momento eso va a ser un bien para mí. Es como engordar el ternero que después vamos a comer. Invertimos tiempo, esfuerzo, bienes, nos sacrificamos por los demás pero en el fondo lo que buscamos es que el otro crezca para que en algún momento su bien sea una utilidad para mí. Quizá, muchos gestos de supuesta generosidad tenga que ver con mantenerlo al otro a mi servicio, o al servicio de mi empresa o actividad. Es el llamado utilitarismo, a veces muy disfrazado de generosidad.
Ahora, me pregunto: está mal buscar mí bien en la vida. Y me respondo: el que busca su mal ciertamente está enfermo y el masoquismo entró en su estructura vital. Fuimos creados, para ser felices, para vivir en el bien. Porque aquí también puede haber una distorsión del verdadero amor; como si amar significara buscar siempre el dolor, la negación de la felicidad, la prohibición de vivir en el gozo de la paz… el reducir el amor a la renuncia a todo aquello que me provoque gozo, paz y profunda alegría. A veces puede subsistir en nosotros aquello de que cuánto más sufrimiento mejor.
El Papa Benedicto XVI nos aporta mucha luz en esto, sobre todo en su primer encíclica, Deus Carita est (Dios es amor). Él señalada dos dimensiones del amor. El amor de eros o de complacencia por el cual disfrutamos al otro como un bien. No lo amamos por su utilidad sino porque su persona es un bien para nosotros. Gustamos estar con esa persona; compartimos con ella nuestra intimidad, disfrutamos el encuentro. Es el amor de amistad y el amor que lleva al matrimonio. Hay una segunda dimensión del amor, llamado amor de ágape, en donde encontramos el gozo de hacer el bien, independientemente de lo que el otro signifique para nosotros. Fuimos creados a imagen de un Dios que es amor y, por eso, cuando nuestra vida está centrada en la búsqueda del bien del otro, con gratuidad y desprendimiento, como en Dios, nuestro ser se realiza en plenitud. Es el amor que incluye el perdón, el hacer el bien al que me es indiferente o me ha hecho algún daño, el amor que no reclama nada. Este amor nos da una profunda libertad porque nuestra entrega no está condicionada por aquello que el otro puede retribuirme. Ser libre es buscar el bien en mi vida con independencia de las actitudes de los demás.
Les doy un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros como yo los he amado: ámense así unos a otros. (Jn13,34).  Jesucristo es el modelo de amor que nos realiza plenamente como personas. Por lo tanto, no se trata de renunciar al bien, ni al gozo que ese bien nos proporciona sino de encontrarlo donde verdaderamente está.
Amar no es invertir en el otro, es superar toda autorreferencialidad, descentrándonos de nuestro yo y poner el centro de nuestra existencia en el bien de los demás. Oyeron que les dije que me voy y volveré a visitarlos. Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre (Jn 14,28). Amar es no poseer al otro sino alegrarme de su bien, es dejarlo partir, dejarlo crecer, dejar que Dios realice en él su designio de amor. Amar es alegrarme con el bien del otro aunque no sea yo el causante de ese bien, porque el verdadero gozo no está en lo que yo hago sino en que el bien crezca en las personas y el mundo. Qué bien nos hace contemplar lo bueno que existe en la creación, especialmente en cada persona, y alabar a Dios, fuente de todo bien.
En  una oportunidad se encontraron en una esquina de la ciudad dos amigos que hacía tiempo que no se veían. Se pusieron a charlar y prolongaron la charla mientras uno de ellos iba a tomar el ómnibus que lo llevaba a su trabajo y el otro lo acompañaba. En un momento, antes de llegar a la parada, se detuvieron; el que iba a su trabajo compró el diario donde lo hacía cada día. El otro contempló como el vendedor lo trató de muy mala manera; su amigo, en cambio, le habló con respeto y utilizando modales de cortesía. El amigo le preguntó si todos los días compraba el diario en ese lugar y si el vendedor siempre lo trataba tan mal. Si, le respondió su amigo. Y vos siempre lo tratás tan bienTrato de hacerlo, le dijo. ¿No entiendo nada… él te trata mal, vos seguís comprando el diario aquí y lo tratás tan bienMirá, le dijo, yo amo la libertad; ser libre es actuar sin dejarse condicionar por las actitudes de los demás.
Es libre el que ama independientemente de ser amado, el que encuentra su bien en amar y no en la demanda de ser amado. Es libre el que se deja amar y disfruta el amor del otro, sin nunca exigirlo. Es feliz el que le lava los pies al otro y se deja lavar los pies por el otro, sin nunca reclamarlo. Es libre el que da aunque el otro no me dé nada.  Sólo el amar como Jesús nos da la verdadera alegría  y paz.
Es en el encuentro cotidiano con Jesús en donde nuestro corazón se va haciendo semejante al suyo.

sábado, 6 de mayo de 2017

GUERNICA




El "Guernica" de Picasso




A 80 años del genocidio de Guernica




Por Rodolfo Alonso *

A metros de la Casa Rosada, junto a la estatua de Juan de Garay, Buenos Aires ostenta desde 1919 un retoño del más que secular Árbol de Guernica, emblema sagrado de las libertades vascas. Anterior incluso a la existencia de España como estado nación, a partir de Isabel y Fernando los reyes acostumbraban jurar bajo su sombra venerable respetar los fueros de Euzkadi.
Acentuando su fuerte simbolismo, ese magnífico Roble sobrevivió, en medio de un hito legendario, la guerra civil española (1936-1939), a otro hecho de trágica resonancia. El 26 de abril de 1937 la vieja villa de Guernica fue literalmente reducida a polvo, junto con buena parte de su población, por los flamantes aviones nazis de la Legión Cóndor.
El 18 de julio de 1936, militares conducidos por Francisco Franco se sublevan contra la legítima República española. Controlados y muchas veces vencidos por el pueblo en armas, los milicianos recuperaron en Madrid su principal reducto, el Cuartel de la Montaña. Así comenzó la última guerra de hombres, y la primera contra el fascismo. Contra los fascismos, que reaccionaron de inmediato.
Del principio al fin, Hitler y Mussolini cooperaron con la rebelión enviando sus mejores tropas y modernos adelantos bélicos, decisivos para la victoria franquista. Goering probó allí su naciente Luftwafe, y más de 700 pilotos alemanes cuidadosamente elegidos volaron para Franco. Ensayaron bombardeo de ciudades, blitzkrieg o guerra relámpago, terror sobre poblaciones civiles, ataques aéreos en picada y táctica de apoyo directo a las tropas de tierra. Sin olvidar los tristemente célebres tanques Panzer I.
Esas crueles experiencias fueron invalorables, al estallar casi de inmediato la segundo guerra mundial (1939-1945), para los primeros éxitos nazis en toda Europa. La misma Europa que abandonó a los republicanos españoles. Que sólo contaron con la ayuda, sobre todo inicial, de la URSS y el apoyo permanente del México de Lázaro Cárdenas, sin olvidar las heroicas e indomables Brigadas Internacionales.
El 23 de abril de 1937, el jefe de la Legión Cóndor, Wolfram von Richthofen, primo del famoso as de la aviación alemana en la primera guerra, anota en su diario: “¿Qué se puede hacer? La Legión Cóndor se retira. No se puede dirigir a una infantería incapaz de atacar posiciones débiles.” Y al día siguiente: “¿Conseguiremos destruir Bilbao?”
El 26 de abril, a las 14:30 la campana mayor de Guernica repicó alertando sobre un ataque aéreo. Era día de mercado. Se corrió a los sótanos. Un solitario bombardero Heinkel 111 de la Legión Cóndor arrojó su carga letal en el centro y desapareció. La gente dejó sus refugios para socorrer heridos. Quince minutos después, la escuadrilla completa de la élite aérea nazi sobrevuela Guernica. Cierto número de cazas italianos Fiat CR-32 y Fiat-Ansaldo participaron también. Hubo una estampida para huir al campo, pero cazas Heinkel 51 ametrallaron sin piedad hombres, mujeres, niños. Sin embargo, faltaba lo peor.
A las 17,15 cuarenta bombarderos Junker 52 arrasan minuciosamente la ciudad, en pasadas de 20 minutos durante dos horas y media. Arrojaron desde bombas medianas o pequeñas hasta de 250 kg, antipersonales e incendiarias. Los testigos describen escenas apocalípticas. Familias enterradas por los escombros de sus casas o aplastadas en refugios. Vacas y ovejas ardiendo por el fósforo blanco, enloquecidas hasta morir entre ruinas en llamas. Salvo la Casa de Juntas y el Roble milenario, no alcanzados por hallarse fuera del corredor aéreo que los pilotos alemanes siguieron disciplinadamente, Guernica era una pira de fuego, humo y terror.
El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1645 muertos y 889 heridos) sufrió en carne propia el bombardeo. Al día siguiente, 27 de abril, la prensa británica anuncia la destrucción de Guernica, y el 28 tanto el Times como The New York Times publican el célebre artículo de George L. Steer. La indignación mundial es inmensa e inmediata. El 29 de abril el cuartel general de Franco emite un comunicado, donde intenta adjudicar la responsabilidad a “las hordas rojas al servicio del perverso criminal Aguirre”, presidente de Euzkadi.
La mayoría de los vascos eran católicos y moderados o conservadores. Se unieron al Frente Popular en defensa de sus fueros seculares. A diferencia de la Iglesia española, que apoyó vivamente la “Cruzada”, fueron acompañados por sus sacerdotes. Yo mismo recuerdo una foto en la cárcel franquista, donde cien curas vascos rodean al dirigente socialista Julián Besteiro.
Sólo tras morir Franco (1975), como exigió su autor, el cuadro más renombrado de Picasso, pintado frenéticamente entre mayo y junio de 1937, pudo exhibirse en España. Quizá no todos quienes acuden al Museo Reina Sofía saben, hoy, a qué alude su sobrio título: “Guernica”. Durante la ocupación de Francia, al preguntarle ante la misma obra un oficial nazi: “¿Usted hizo esto?”, Picasso contestó simplemente: “No, esto lo hicieron ustedes.”
Como prueba, baste lo declarado por Goering en el juicio de Nuremberg (1945-1946) a criminales de guerra nazis: “Cuando estalló en España la guerra civil, Franco pidió auxilio a Alemania, y en especial apoyo aéreo. El Führer vacilaba, y yo le aconsejé con energía que bajo cualquier circunstancia otorgase ese apoyo: en primer lugar, para impedir la extensión del comunismo en esa zona, pero también para poner a prueba mis nacientes Fuerzas Aéreas en una serie de detalles técnicos. Con autorización del Führer envié gran parte de nuestra flota de transporte y numerosos cazas y bombarderos, así como cañones antiaéreos. Pude comprobar en condiciones de combate si el material era eficiente. Para que el personal adquiriese además experiencia práctica organicé una rotación continua mandando constantemente unidades nuevas y repatriando las anteriores.”
Esa fría pero precisa enumeración, de por sí escalofriante, se hace estremecedora si la contraponemos con las imágenes concretas y a la vez inimaginables del horroroso genocidio sufrido por Guernica. Nadie lo rozó tan hondamente como un íntimo amigo de Picasso, el gran poeta francés Paul Eluard, en su indeleble poema “La victoria de Guernica”: “Os han hecho pagar el pan / El cielo la tierra el agua el sueño / Y la miseria / De vuestra vida ///  Las mujeres los niños tienen igual tesoro / En los ojos / Todos muestran su sangre // El miedo y el coraje de vivir y de morir / La muerte tan difícil y tan fácil // Parias la muerte la tierra y la fealdad / De nuestros enemigos tienen el color / Monótono de nuestra noche / Daremos cuenta de ellos.”

* Poeta, traductor, ensayista.

Alberto Luis Ponzo

12 de junio 1916 - 2 de mayo 2017




Alberto Luis Ponzo


LUGARES COMUNES

En los coches de las estaciones
en los negocios  
dentro de los libros de tapas miserables
o en el aire que los quema


En las leyes abandonadas 
en los días secuestrados al tiempo 
en los cuerpos desnudos
en todo lo que se entiende para morir 
en las palabras


Fuera del lugar común de la sangre 
en el viejo reloj
en la cuerda que se da a los muñecos


En todas partes  
y en ninguna
en el vidrio golpeado por la lluvia 
donde hay sombras que mueren


Sobre todo donde hay que vivir 
con un ojo cerrado y otro abierto   
con la mesa vacía de los otros 
con el peso de todos en la única balanza

Si tengo que estar en algún sitio 
si donde estoy hay algo 
si hay alguna manera de que las cosas sean 
como las nombramos  
estos son los lugares que propongo 
los lugares comunes.



Del libro "A puertas abiertas" (1969)