viernes, 14 de abril de 2017

Marta Rotonda - Poema



Cambio de destino 



Confieso haber tenido miedo. Sí, yo que he nacido para provocarlo,

cuando el agua me llegó hasta el cuello, sentí miedo.

Aunque al principio, me resultara un juego desafiar con mi pecho la corriente.

No iba a asustarme una tormenta más o menos ruidosa y aguacera,

yo , que había montado vela a cielo abierto esperando al viento barrendero ...

Pero qué caray, esta vuelta, a esa vieja celestina que es la lluvia

se le fue la mano en el casorio del agua con la tierra

y la cubrió con un abrazo que terminó por asfixiar

a quien saliera en contra de testigo…

Yo me ladeé un poco, como asintiendo al ardor de la correntada.

Pero empezaron a chocar contra mi cuerpo

trapos y desechos y hasta animales muertos…

Y cuando el agua fue tanta como el cielo, para asombro de mi función sobre la tierra,

vino a posarse en la copa del sombrero

una bandada incrédula.

¿Qué había pasado? ¿Es que el temor dulcificó mis rasgos?

Las olas fatigaban su machete desmontándolo todo

Y cuando mi único pie, al sentir la tierra barro y lodazal y agua barrosa

abandonó su función de raíz

me sentí flotar, navegante, barca yo mismo,

hasta que la ropa que me daba forma, me ancló en una cuna de ramas sumergidas…

No sé cuánto tiempo habré pasado sin saber de mí ni del entorno…

Ahora diviso el sol desde otro cielo

entramado mi cuerpo entre el ramaje.

Otros seres sin alas me rodean que se desplazan libres como si fueran pájaros …

Hago un esfuerzo de memoria: peces se llaman.

Así los nombraban en los tiempos de antes

los que pasaban a mi lado con sus cañas

rumbo al inocente arroyo que se volvió tan fiero..

Quiero mostrarme vivo y levanto,

de paja y trapos, mi alucinante mano..

Los peces se sorprenden y ensayan un rodeo preventivo…

una vez y otra vez y otra y otra…!

¡Es cierto que estoy vivo!

¡Círculos de agua dibujo en el agua con mi mano!

He cambiado la línea de horizonte, no el oficio


Espantapeces soy ahora, aunque los ame tanto…!




Marta Rotonda - Relato




Caballito criollo
De chica viví en Tandil. Era la época en que la ciudad era pequeña y todo quedaba relativamente cerca. En mi caso, tenía la escuela a cuatro cuadras de mi casa y, salvo los días de lluvia o de mucho frío en que mi padre no podía acercarme hasta ella en camioneta, me tomaba el colectivo “colorado”. Los demás días, iba caminando. Entonces, sí o sí, tenía que pasar por la esquina de 4 de abril y Montevideo donde un italiano de ojos azules y bigotes rojizos había  instalado su talabartería. Talabartería: qué nombre extraño para un rubro tan bien conocido por los que entonces vivíamos  más o menos conectados con las tareas agrícolas o ganaderas.
Cualquiera que pasara por delante de ese local, no podía evitar la evocación del campo: había olor a cuero crudo, convertido en rebenques, en cinchas, en monturas, en vainas de facones y quién sabe en cuántas cosas más que mi mente infantil no alcanzaba a registrar.
Así pues, los años del primario transitaron día a día por delante de ese caserón de ladrillos vistos, de puertas altas y alargadas, cuyas habitaciones principales se habían convertido en salón de exposición y ventas. Aún recuerdo cómo cedía su piso de tablas de madera a la presión de la más leve pisada. Y el temor que tenía yo porque se hundiera y me hiciera aparecer en el sótano que seguramente  serviría de depósito. Aunque en realidad, no había entrado a ese local más de una decena de veces.
¿Qué tendría que hacer allí una niña, metida entre paisanos emponchados y botas embarradas?
Pero no era necesario adentrarse demasiado en el local para ver al hermoso caballo embalsamado que, elegante y bien plantado sobre sus cuatro patas, me tenía fascinada. Con unos ojos de vidrio y una expresión que lo hacía suponer vivo, día y noche, velaba el animal la entrada al recinto…
Yo pasaba y lo miraba y lo saludaba en voz baja diciéndole “hola Amigo”.
Un día en que se acercaba una fecha patria, en la escuela nos dieron un poema para aprender de memoria: se llamaba “Caballito criollo” de Belisario Roldán.
“Caballito criollo del galope corto / del  aliento largo y del instinto fiel…”
Al tratar de memorizar cada verso, se me presentaba mi Amigo y yo vibraba de emoción imaginándolo el protagonista del  poema .Era la etapa en que a los niños se les despierta el amor a la Patria y a sus Símbolos…
“Caballito criollo que fue como un asta /  para  la bandera que anduvo sobre él…”
Ah!, mi Amigo asumía ahora su epopeya ilustrándome esos versos que yo no alcanzaba a comprender del todo…
“Caballito criollo que de puro heroico / se  alejó una tarde de bajo su ombú
y  en alas de extraños afanes de gloria / se trepó a los Andes y se fue al Perú…”
                Quiso el destino que la maestra me eligiera para que recitara el poema en esa fiesta patria. Lo había memorizado muy bien, esforzándome por acompañar con los ademanes el sentido de los versos. La noche anterior al festejo, me acosté temblando de emoción. Repasé  mentalmente las estrofas hasta que me fue venciendo el sueño…
               Las puertas de la talabartería estaban abiertas de par en par. Cuando pasé por el lugar, mi Amigo asomó su cabeza y luego todo el cuerpo. Con un relincho, me invitó a subir. Para hacérmela más fácil, se fue acercando al banco de piedra que había a un costado de la entrada. Así pude treparme a su lomo. Montada en pelo y tomada de sus crines, atravesamos las calles de la ciudad. Cruzamos las vías del tren. Más allá, empezaban a ralear las viviendas. Los caminos de tierra marcaban el rumbo a la aventura….”Y en alas de extraños afanes de gloria…”
Anduvimos entre pastizales que volvían invisible lo desparejo del terreno. Finalmente, se nos interpuso un arroyo. No era demasiado ancho. Incité a mi Amigo a cruzarlo pero falló y cayó doblando sus patas delanteras. Fui despedida. Me despertó mi propio grito. Era ya la mañana. Me vestí rápido y sin querer tomar el desayuno, partí rumbo a la escuela. Lloviznaba. Justo venía el colectivo. Me apuré a detenerlo cruzando en diagonal a la talabartería.
Mi recitado fue un fracaso. Shockeada tal vez por el mal sueño, no pude avanzar más allá de la primera estrofa. Todos me aplaudieron igual.
El camino de regreso a casa fue angustiante. No podía asumir ese fracaso.
Al llegar a la esquina de 4 de abril y Montevideo, noté que algo raro había sucedido dentro de la talabartería. Me acerqué a la entrada del local y, de un vistazo, noté que no estaba allí mi Amigo.
El italiano de ojos azules y bigotes rojizos me dijo sin lograr salirse de su asombro:- “ Cuando vine a abrir esta mañana, me encontré con que el caballo tenía las patas delanteras quebradas…No sé qué ha pasado. Y tuve que retirarlo porque era imposible volver a ponerlo de pie…-“


jueves, 13 de abril de 2017

Manuel Ruano

(15 de enero 1943 - 12 de abril 2017)



Fui tu amanuense y te canté, dios de los Sueños,
como canté a las galerías que no iban a ninguna parte.
Te recuerdo bien en esos templos de piedra.
En las paredes había una lagartija para los días nublados,
y un escarabajo para los días limpios.

También había flores que parecían soles arrancados
del cielo azul.
De ahí mi gusto por dar a lo viejo lengua nueva; 
y a lo nuevo lengua vieja, como dicen que ha sido alguna vez.
Trabajé duro, e hice versos que aún perduran.
Por eso, mi pensamiento está hecho de complicadas 
irradiaciones que resisten todavía.


MANUEL RUANO




domingo, 19 de marzo de 2017

En los juegos del aire por Norma Mazzei

En los juegos del aire, Norma Mazzei (Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 2016, pp 72



              GERMINAL

Septiembre

Como un pájaro de fiesta
éramos
la ceremonia de la vida inacabada.
Horas en que el tiempo ocioso
respiraba asido de los juegos
al amparo del aire.
Y nos crecían interminables manitas
del cuerpo elástico y voluble,
cuando correr era una gloria conocida
y el trayecto un cántico sin tregua.
¿Te acordás que grandes parecían
las olas de la orilla,
qué enorme el limonero,
qué inmenso el espigón?
Había un reguero de lunas sobre el piano
y desnudas muñequitas echadas al sol.
Se nos iban alzando a medida las piernas
que el reloj atronaba cumpleaños a vos
con un dejo de crema, de vainilla y de madre
cuya voz acunaba por la casa infinita.
Piel ámbar de tules
amanecía el cielo en las ventanas,
donde tablillas rugosas
nos flanqueaban los ojos.
Afuera, abierta la vereda amarillenta
de gigantescos fresnos ofrecía
la campanilla terca y el carro lento
del helado más gustoso
que espumaba la boca de frutillas,
los dedos de cacao entre galletas.


UMBRAL

Febrero

Apasionados vientos se llevaron
la vocación letrada,
el largo aprendizaje de los miedos,
la entereza pueril
y todos los fracasos del recuerdo.
Nada más que acumular pasados
en la alforja
tan variada de enseres,
tan preciosa de gemas,
y en la boca el gusto incomprensible.
El alma señaló su propia travesía
aun cuando la pena
más sentida que antes
por aquellos grises torbellinos,
se adueñó del mundo.
Pero un nuevo verano sin tormentas,
bendito mediodía de palmeras
con arenas calientes y venero,
con edredón de ternura
secó su lágrima en olvido.
Cantar de los Cantares interiores,
de ambos el alma se hizo una
en la callada eternidad del beso.
La calle fue otra vez otra calle
poblada de gorriones gualdos
que flamearon alitas a sus pasos
y un azul de violines melodiosos
aquietó la fusión en sus miradas
y el ardor en la piel
como una llama, una.


FRUTAL

Abril

¿Acaso está de vuelta el halo de lavandas
que desgranan mis manos
cada vez que respiro?
¿Es esta media tarde que recortan los vidrios
la que entibia mis ojos
al vaivén del aroma?
¿Tengo miedo a las sombras
que dibuja el momento
abismado en mis sueños?
No, porque el flujo del tiempo se apodera de mí;
y la sombra en un puño 
se destroza en olvidos
e infinito en el otro
el momento que aqueja
desvanece en la luz.
Siento a poco un mareo de soles
sobre un rostro que acrece...
y es el mío, repartido en espejos,
son los míos que se avienen
desde el primer aliento.
Y a medida que pasa otoñal la belleza,
me distraigo pensando
en la acera del tiempo:
cuánto trecho vivido,
cuánto anhelo deshecho.
En las palmas me guían
acrecientes las líneas
sonrojadas y fuertes
como aquellas que cruzan del ocaso
los resplandores tardíos.


CENITAL

Agosto

Y palpar distantes cordilleras
con la mano en alto,
suspensa en los nimbos de hielo
que la piedra han de surcar
policromada y naciente.
Que harán retoño los lirios
aunque azote la ventisca;
que ha de volver al nido
el cóndor mineral
sobre la cumbre rumbosa.
Para que sea tu andanza
solo un andar florecido,
un llamado en la pausa
del aire
y a distancia un reconocimiento.
Verte como la peregrina
con la fe entera,
explorando el suelo
tapizado de albas,
salpicado en breñas.
Al filo aventurado cruzarás
con tus pies aéreos
cuestas y pendientes
de paseo sentidas
entre el terrón y el agua.
Después la paz nubosa
habría de aparecer
y serás como el aire...
seré un ínfimo latir
del vacío energizado.






Nueva Colección

Literatura y Versión I , Buenos Aires, Enigma Editores, 2016


De esta nueva Colección creada por Norma Mazzei, nos llega el primer tomo  titulado LITERATURA Y VERSIÓN I ensayos de investigación El LEGADO DEL MODERNISMO 
En conmemoración de RUBÉN DARÍO (1867-1916) en el Año Centenario de su fallecimiento.

En la Introducción, con gran acopio de conocimientos Mazzei nos documenta sobre el camino seguido por el modernismo literario de la mano de su creador: Rubén Darío.


Este volumen reúne los siguientes ensayos:

Cuentos frágiles de Manuel Gutiérrez Nájera. Renovación modernista de la prosa, por Miryam Gover de Nasatsky.

Rubén Darío: La renovación literaria y la Búsqueda de trascendencia, por Cristina Pizarro.

Multiplicidad de voces en Delmira Agustini. Una poeta transgresora de su tiempo nhistórico por Graciela Bucci.

Proyecciones de Rubén Darío en la primera década del siglo XXI, por Bertha Bilbao Richter.

De la Modernidad a la Postmodernidad, Causas y Proyecciones, por Beatriz Isoldi.


Norma Mazzei, creadora de la Colección y compiladora de este volumen es poeta, ensayista, periodista, profesora y Licenciada en Letras. Publicó numerosos poemarios y ensayos. En 2015 recibió el premio Ezequiel Martínez Estrada otorgado por el Instituto Literario y Cultural Hispánico, California (USA). 

Libro imprescindible, no sólo para leer más de una vez sino de consulta permanente. 




martes, 14 de marzo de 2017

Presentación Antología del Lector Cómplice

Lunes 20 de marzo a las 19 hs
Museo del Libro y de la Lengua
Av. Gral. Las Heras 2555
Sala David Viñas

jueves, 9 de marzo de 2017

Rodolfo Alonso - Videos




Invitado a cerrar el ciclo “El escritor como trabajador” de 2016,organizado por ADEF y UOCRA CULTURA, el poeta, traductor y ensayista Rodolfo Alonso se presentó el 10 de noviembre en el salón de la Organización de Estados Iberoamericanos. Después de ser entrevistado por Ricardo Rojas Ayrala, el autor leyó una selección de sus poemas.
Como es costumbre, el evento fue grabado en video para el canal DIDIGTA CONSTRUIR TVVIMEO y su circulación en redes sociales. 
Puede consultarse una versión completa:

vimeo.com/200707494



y otra más corta de difusión:

vimeo.com/200706890