sábado, 12 de octubre de 2019

Molinos de viento 4


Molinos de viento no 4
Boletín de Artes y Letras - Abril 2019

Director: Osmar Luis Bondoni
osmarbondoni@yahoo.com.ar


SUAVE ENCANTAMIENTO

Profundos y plenos
cual dos graciosas, breves inmensidades,
moran tus ojos en tu rostro
como dueños;
y cuando en su fondo
veo jugar y ascender
la llama de un alma radiosa
parece que la mañana se incorpora
luminosa, allá entre mar y cielo
sobre la línea que flotando se mece
entre los dos azules imperios,
la línea en que nuestro corazón se detiene
para que sus esperanzas la acaricien
y la bese nuestra mirada;
cuando nuestro “ser” contempla
enjugando sus lágrimas
y, silenciosamente,
se abre a todas las brisas de la Vida;
cuando miramos
las cenizas de los días que fueron
flotando en el Pasado
como en el fondo del camino
el polvo de nuestras peregrinaciones.
Ojos que se abren como las mañanas
y que cerrándose dejan caer la tarde.


MACEDONIO FERNÁNDEZ, 
argentino (1874-1952)



EL PECHO BLANCO, EL PECHO NEGRO

Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro.
Al despertar tomaba el pecho blanco en su mano
y acercándolo a mis labios decía: Bebe, hijo mío,
y yo bebía una leche blanca, espesa, dulcísima.
Luego apretaba entre sus dedos el pezón negro
y colocándolo en mi boca repetía: Bebe, hijo mío,
y yo bebía una leche oscura, infinitamente agria.
Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro.
De día, sosteniendo el pecho blanco en su mano
como una paloma, susurraba: Es la luz del mundo;
y a la noche, mientras exprimía suspirando
el pecho negro, prorrumpía: Es la oscuridad.
Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro.
A veces exponía el pecho blanco al sol
y escondiendo bajo su ropa el pecho negro
canturreaba: Esta es la leche que sacia toda hambre,
y su rostro se iluminaba con una sonrisa inmortal.
Pero mi boca buscaba otra vez el pecho negro
y tomándolo en su mano con piadosa resignación
lo ponía en mis labios diciendo: Bebe, hijo mío,
y yo bebía ávidamente la leche que da más hambre.
Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro.


HORACIO CASTILLO,
argentino (1934-2010)



Pintura de ROGIER VAN DER WEYDEN (o Rogier de la Pasture),

flamenco (1400-1464)
Descendimiento (1435?)


Sugerencia:
Concierto para cuatro violines y orquesta, opus 4 No 10, de Antonio Vivaldi,
y la transcripción que hizo Juan Sebastián Bach paracuatro pianos (claves)
 en La menor, BWV 1065.

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lunes, 24 de junio de 2019

Las obras secretas de Marcelo Juan Valenti

Junto a Inés, siempre ávida de nuevas voces poéticas que finalmente no la satisfacen, asistí a una nueva edición del ciclo “Las obras secretas”. Lo coordina Orlando quien veinte años atrás irrumpió en la escena local con una puesta de “La lección de anatomía” protagonizada por travestis. Luego incursionó en las artes visuales y la música, para arribar a las playas de la literatura.
“Las obras secretas” se caracteriza porque los invitados a leer son inéditos, veteranos olvidados, habitantes de pequeñas poblaciones. En cada edición hay un representante local, que lee algo propio y luego hace las presentaciones. Esa noche era el turno de Margarita, que parecía descontenta, embutida en un mameluco descolorido que no le sentaba muy bien.
Todavía quedaban bastantes mesas vacías y elegimos una un poco apartada, en un rincón que permitía, no obstante, una buena perspectiva de la mesa de lectura. Tanto a Inés como a mí, nos gusta la decoración vintage del “Las dos Amelias”, el café es excelente. Pero no pudimos regodearnos porque de inmediato comenzó el desfile, el pasamanos, el remolino, la ebullición.
Hortensia y Eufemio llegaron juntos.

-¿Orlando no está?
-No lo vimos.
La órbita de Mepi, que me recuerda tanto a Tilda Swinton, coincidió con nuestras coordenadas.
-Hola a todos, Orlando fue a la estación a buscar a uno de los poetas. El colectivo venía demorado. Un lechero que tarda veinte horas… si las fuerzas de la naturaleza lo permiten.
En sentido opuesto apareció Gioconda. Dueña de “Las dos Amelias”, actriz, novia de Orlando. Nos repartió folletos y con impecable dicción dijo: – Aprovechen el descuento para doble programa, “Servidor de dos patrones” y “Casa de dos puertas mala es de guardar”. Dirección de Orlando, por supuesto. Estrenamos el primer sábado del mes que viene.
-¿Las dos obras al hilo?- comentó Eufemio con el ceño fruncido- A la de Goldoni la traduje al esperanto.
Mientras Hortensia daba un grito de saludo, Eufemio se sumaba a una mesa de traductores y las estelas de Gioconda y Mepi se disolvían, el horizonte se cubrió con el arco iris capilar de Adrián. No venía solo.
-Fede, un amigo. (Ringo Starr, estampado en su remera, parecía Rimbaud) ¿Nos podemos sentar con ustedes?
Segundos después, como impulsado por un resorte, Adrián se levantó sin dar explicaciones y lo perdimos de vista, dejándonos a Fede como un curioso legado. Pronto descubrimos que era como un Caballo de Troya, lleno de palabras e intenciones.

-¿Escribís?- deslizó Inés.

-No, yo vine porque soy actor y quiero participar en una audición para la próxima obra que va a dirigir Orlando.
-Orlando no tiene paz. Estrena en una semana y ya tiene listo el siguiente proyecto- acoté.
-Por lo que sé siempre tiene previstos cuatro trabajos. Yo me quiero presentar para una obra de Verlaine.
Nuestras mandíbulas desconcertadas exploraron sus posibilidades de máxima apertura. Inés, rápida de reflejos, casi gritó:- Verlaine, ¡¡¡poeta!!!, no dramaturgo.
-Discúlpame, yo he visto muchas obras de Verlaine, claro que dirigidas por él mismo. Es interesante ver que logrará Orlando con esos textos.

-Me voy a afuera a fumar-dijo Inés.

Se cruzó con Danilo y su mujer.
-Hola Flavio. Nos sentamos con vos. Extendió sus dedos espatulados hacia Fede.

-Danilo.
-Fede.
-Mónica, mi señora.
La mencionada, que se parece a Kim Novak y tiene una florería, amagó el gesto de una sonrisa a modo de presentación. No deja a su marido ni a sol ni a sombra. Danilo tiene un vasto prontuario de mujeriego. Y de monologuista.
-Estoy fascinado porque acabamos de advertir con Mónica que este cruce de calles alberga un bar en cada esquina. La última vez que vinimos la esquina sureste seguía desocupada. Ahí, hace muchos años, tenía su galería Coco. ¿Lo conociste a Coco? Un tipo genial, el árbitro de toda producción cultural de la ciudad. Hoy, un hombre olvidado. Injustamente olvidado. ¿Cómo se llamaba la galería? en este momento no me viene el nombre a la memoria. De paso, te cuento que voy a exponer. Sí, necesitaba tomarme un descanso de la escritura. Retornar al color. A los colores puros. Otra manera de intervenir sobre los espacios en blanco. Y aunque no es ningún secreto todavía no le he dado la lógica y necesaria difusión. Esta mesa tiene el privilegio de la novedad. Voy a imprimir tarjetas con los cuadros y al dorso voy a incluir un texto que me gustaría que escriba Toti, que me conoce y conoce mi obra pictórica. A Toti lo tenés, ¿no? Un personaje de la época de Coco. Con los años restringió mucho sus apariciones públicas, pero cada tanto emerge del ostracismo. Me acuerdo de una ocasión. Había una inauguración en la galería, precisamente en la galería que estaba enfrente. Exponía un artista en alza, de la capital. En uno de los corrillos coincidió con un chico muy jovencito a quien le debe haber llamado la atención el aspecto de Toti. El pibe le preguntó el nombre. Toti murmuró apenas y agregó: -¿Et toi? El chico dijo: -¿Stuart? ¿Te llamás Stuart? Increíble Toti, solía comunicarse con notitas manuscritas. A mí me insistía con una frase: ”Cuidá la tenue” Siempre lo mismo. ¿Qué sería la tenue? ¿Mi poesía? ¿Mi pintura? ¿Mi alma? ¿Mi sensibilidad? Seguro que no era mi inocencia. Pero, eeehhh, ya está aquí Orlando con el que creo es el invitado que faltaba.
Orlando me recuerda a Freddy Mercury. Avanzaba imperial hacia la mesa de lectura, en torno a la que se balanceaban Margarita y tres desconocidos. Muy de cerca, con los ojos bajos, lo seguía un hombre mayor, de aspecto modesto, aureola de agotamiento.

Sé que Mepi tiene instrucciones de activar el tema del ciclo, cada vez que Orlando hace su aparición. Las estrofas de “Oops, I did it again” retumbaron en el ámbito.
Como impelido por la fuerza de la llegada de la legítima bestia pop de la ciudad, Adrián regresó alborotado. Apoyó las manos en la mesa con expresión y tono de excelsa beatitud, dijo sin dirigirse a nadie en particular: -Una de las lectoras se llama Alfonsina- y volvió a su enloquecida carrera de cometa con cabellera fecunda.
-A mi prima le pusieron Alfonsina por el presidente – dijo Fede.
“Las Dos Amelias” estaba lleno. Orlando dio varias vueltas, se apoderó del micrófono y este simple gesto operó como pedido de silencio y atención.
-Buenas noches queridos amigos. Bienvenidos a esta nueva edición de “Las Obras Secretas”.
Ya había notado con anterioridad, pero esa vez fue impactante, que Orlando forzaba la pronunciación para alcanzar un ambiguo, escondido resultado: “Las Sobras Secretas”. Nunca me atreví a comentárselo a nadie.
-Los dejo con la presentadora de la noche, Margarita. ¡¡¡Un fuerte aplauso!!!
La nombrada se incorporó en su silla, saludó brevemente y comenzó la lectura de los datos biográficos del primer lector, el cansado viajero que había llegado con Orlando. El nombrado saludó con aún mayor brevedad. Pese al micrófono, su voz era sutil.
Tanto como sus poemas. Su largo viaje justificaba que leyera todo lo que quisiera, pero luego de cuatro o cinco textos, se volvió hacia Margarita, para consultar si no se había excedido en el tiempo que le correspondía. Margarita, cerrada como una flor esquiva, interpretó el movimiento de su vecino como el fin de la lectura e inició la presentación de Alfonsina. El poeta de lejos sonrió con gesto de resignación y agachó la cabeza. Ninguno de nosotros subsanó el malentendido, como hechizados por ese error que era un horror. Avisados, el resto de los lectores, recitó sus inclasificables y/o indigeribles producciones, sin interrumpirse.
Margarita cerró la lectura con un poema propio y luego, otra vez el vendaval de gente, de movimientos, de gritos, de saludos.
Inés no había regresado. La llamé al día siguiente.
-Discúlpame. Me fui sin avisar. Pero Fede me sacó. Creo que lo único que le faltó decir es que Alina Reyes es una autora de novelas eróticas en las que al final de cada capítulo ofrece varias opciones de continuación no lineal, una especie de “Armá tu propia aventura”, pero sexual. Ufff.

– Escrito por: Marcelo Juan Valenti (Rosario-Argentina, 1966).
Publicaciones:”Paralelo Protervia”, novela en coautoría con María Luisa Siciliani, 1998, “Una langosta en la casa invisible”, cuentos, 1999, “Presagio de la reina ciega”, poemas, 2002, “Caballo Bifronte” prosa poética en coautoría con Susana Rozas 2003, “Juego de abadesas”, poemas, 2005, “Jardín Espejo” y “Espejo Jardín”, poemas, 2010, “Ojalá Jane Fonda nos ilumine”, cuentos, 2011, “Después de la orgía, el canibalismo” poemas, 2014, “La eternidad del cíclope”, cuentos, 2014, “El señor Perpol, cuentos y poesías, 2014.
Sus trabajos fueron incluidos en distintas antologías, entre ellas “Animales Distintos. Muestra de escritores argentinos, españoles y mexicanos nacidos en los sesentas.”




Agradecemos el envío de Marcelo Juan Valenti, transcripto del blog " El morador del umbral"

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martes, 28 de mayo de 2019

Poema de Michou Pourtale





ES TIEMPO DE GLICINAS.
El patio se ha enamorado
y una ronda violácea lo agita.
Por derroteros de aflicción
sale la mujer de las flores 
esparciendo corolas.
Sobre su mesa habitual,  
donde escribió un ensayo,
ahora se sosiega, mira carpetas
la dedicatoria inútil
                                de algún libro.
Entre textos sagrados  
un linaje de profetas la guía 
por campos de olivo trigo oro  
resplandece la palabra  
y nombrándose ella se pronuncia  
en imagen de infancia.
Sus formas  
dentro del sweater negro 
añoran aquel vestidito   
de organdí cinturón de raso.
Es la dueña  
de su más íntima región
cuando pulsa un nuevo laúd  
enreda capullo y profecía   
victoriosa al reconocer allí 
                               su niña.
Sobre baldosas  
en el patio enamorado  
gira una niña   
en la ronda de glicinas.

De Signos tardíos, Buenos Aires, Nuevohacer, 2003.



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sábado, 25 de mayo de 2019

Molinos de viento 3


Molinos de viento no 3
Boletín de Artes y Letras - Marzo 2019

Director: Osmar Luis Bondoni
osmarbondoni@yahoo.com.ar


LA FAROLERA


 Saltar la soga era uno de los juegos preferidos de las chicas de Palermo, mucho antes de que brotaran los restó y las boutiques como sequoias en medio de la pampa. Cuando el zoológico era la visita esperada del domingo y el parque japonés la musa inspiradora de los enamorados, soñaban con Palermo los poetas, los malevos y una bohemia trasnochada que ardía bajo los faroles y se iluminaba con los versos de Borges. El cielo diáfano, los pies de las niñas que jugaban en las veredas del barrio, las noches desbordantes de milongas y estrellas, el colegio de monjas y el baile, la ley y el amor, todo estaba junto y enredado. Amalia vivía en ese Buenos Aires de las madreselvas y el tango, soñando su amor esperanzado de novela: uniforme, visita semanal y violetas en la mano. Por las tardes, al llegar de la escuela, escribía:

  El amor es el velo, / la rosa de los vientos que gira / y se pierde en otros horizontes / infinitos, divinos. / A veces no, / es el borde, la orilla, la forma en que el agua te salpica, / lo infranqueable o lo permeable, / lo maldito, lo ínfimo, lo íntimo, / lo que escucho y lo que callo. / Es el sendero final hacia el Parnaso. / ¿O la avenida hacia todos los infiernos? / Es la campanada de las ocho y son las siete.

  Amalia era joven y estaba lejos de su casa y el honor familiar, en medio del mundo real pero soñando con el fragor de los caballos, las cañitas enhiestas y la guitarra de alguna pulpería, esa época de unitarios y federales, miriñaque y peinetón que contaban los libros de historia. Todo se mezclaba en su presente y entre esas dos ciudades ella construyó su historia de amor con el delicado sabor de la lavanda inocente.
  Cuando la mentira llegó oliendo a claveles y coraje, no pudo eludir la pasión que la consumía y abrió sus brazos encerrándola y encerrándose en ese laberinto de uniforme y pecado, brillante y letal como el puñal que aparece en la noche. La vergüenza miraba de soslayo la escena, entre las caricias de las farolas, las promesas y juramentos al aire; y entre el perfume de las flores y la brisa, el trueno que se anunciaba. Amalia creyó las súplicas y las lágrimas, erigió su mundo empapelado de sueños entre las cuatro paredes y el balcón iluminado por sus ojos claros y el farol.
 Muy pronto quedó el balcón en ruinas, trepado por madreselvas abandonadas y erosionado por la realidad, y los ojos borrosos vieron escapar al asesino de sus fantasías. Seducida como en un folletín, quedó comprometida en una historia inútil, sin futuro, porque el futuro se presentó de golpe anunciando el final. La entrega se convirtió en caída y la mirada se opacó en la noche última con las farolas.
 Después, lentamente, la devoción terrena y carnal fue transformándose en un amor místico, casi sobrenatural. Amalia entregó su cuerpo y alma a nuevos brazos en una consagración redentora. Y entonces comprendió cuál era su misión, podría cambiar su historia y la de miles de niñas melancólicas que cantaban la misma canción desde la vereda de sus casas.


PATRICIA CARRANZA

plcarranza@hotmail.com


LABIOS LIBRES

Al cabo de las tierras y los días
de horarios y partidas y llegadas
y aeropuertos comidos por la niebla
enfermo de países y kilómetros
y rápidos hoteles compartidos
Luego de esperas
prisas
y rostros y paisajes diferentes
y seres encandilados por el olvido
o abiertamente besados por la vida
Después de aquella amada
y esa otra apenas entrevista
mujeres cogidas por mi soledad
y ahogadas por las bellas catástrofes
Luego de la violencia y el deseo
de comenzarlo todo nuevamente
y los errores
y los malentendidos cotidianos
y los hábitos torrenciales del trópico
y noches acariciadas por el alcohol
y tabaco fumado con tanta incertidumbre
Al cabo de un nombre que no me atrevo a decir
y de alguien que yo llamaba Irene
de cierta voz
cierta manera de clavar los ojos
al cabo de mi fe en el entendimiento de los hombres
y en el corazón de ciudades y pueblos
que nunca sabrán de mí
Luego de tanta tentativa de huirme o enfrentarme
y comprender que estoy solo
pero no estoy solo
al cabo de amores corroídos
y límites violados
y de la certidumbre de que toda vida
no es más que los escombros
de otra que debió haber sido
Al cabo del hachazo irreparable del tiempo
sólo puedo blandir estas palabras
esta obstinación de años y distancias
que se llama poesía


MARIO TREJO, argentino (1926-2012)


LLUVIA

Arrabal en la lluvia del ocaso
mientras voy amurado por el viento,
fayo de suerte, gil de aburrimiento,
con mi sino de bronca y escolaso.
Entre charcas azules, a mi paso,
gorrionean los pibes del convento,
y en el puñal de la garúa siento
la tenaz mishiadura del fracaso.
Por un hilo de sol amarillento
cae a la zanja una flor de raso.
El saucedal destila desaliento.
Arrabal en la lluvia del ocaso
mientras voy sin amigos y sin vento
con dos guitas de amor y un solo faso.

ORLANDO MARIO PUNZI, argentino (1914-2015)


La Jungla de Wilfredo Lam (cubano, 1902-1982)

Sugerencia: La canción de la tierra, de Gustav Mahler.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Presentación de ensayo


"Historia de la Poesía Argentina. 

De Luis de Tejeda al siglo XX",
                          

ensayo de Luis Benítez





El próximo viernes 17 de mayo, en el Café Literario Montserrat, San José 524, CABA, a las 20 horas, se presenta el ensayo de Luis Benítez 

"Historia de la Poesía Argentina. 
De Luis de Tejeda al siglo XX"

  Reseña los primeros 400 años del género en nuestro país. 
El volumen se completa con un apéndice: “Poetas Referentes de cada Período”, 
que abarca a 1.356 poetas argentinos

                                              Buena Vista Editora - Colección Apalma

                                                         Dirección; Alejandro Schmidt
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martes, 7 de mayo de 2019

Molinos de viento


Boletín de Artes y Letras
Año 1 - N° 2 . Febrero 2019
Director: Osmar Luis Bondoni
osmarbondoni@yahii.com.ar




DICOTOMÍA INCRUENTA

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

OLIVERIO GIRONDO, argentino (1891-1967)



VELETA

Dame un círculo
para refugiarme en su centro.
Dame un instante que se saboree
como la plenitud de una ciruela madura.
No tengo amaneceres.
Mi alma se guardó
y se escondió de mí una tarde.
Me pregunto dónde estoy pisando demasiadas veces.
Altiva y despojada, con la arrogancia de un gallo
me arrojaré a la vida.
Norte o sur.
El viento dirá.

LAURA BONDONI
lauranab@gmail.com



POR ÚLTIMO

Haber dejado una moneda de fuego en la mano de otro,
haber atado ciertos hilos de amor y resplandor,
haber perdido algo
al salir de la casa vacía.

Haber estado, haber acompañado,
haber estado complicado con el viento que siempre tiene razón,
con la tierra y el agua y con la hierba que siempre tienen razón.

No haber cumplido años lejos de sí mismo,
no importa si de rodillas o en medio del pantano pero cerca de sí,
o entre asuntos pendientes o torcidos desde el comienzo,
pero masticados con tus dientes.

No importa ser un objeto más o menos clasificable despreciable
por los que deciden,
no importa ser superado, masacrado, tergiversado, desmentido,
con todo eso se hace la verdad.

No importa ser interrumpido
si estás al pie del árbol gigante en el día sin fin,
al pie del árbol de piedras preciosas del sueño que sólo pertenece
a los hombres,
y si has podido hablar con esas piedras
y acompañar hasta su casa a alguien
en un momento duro de la noche (y vivía tan lejos).

No importa que no haya solución para nadie ni perdón para nadie,
ni si al fin estás solo en las salinas de la madrugada
haciendo todo lo posible para que salga el sol,
para que estos rostros queridos no se hundan en los rápidos de la nada
que acecha tanta maravilla.

RAÚL GUSTAVO AGUIRRE, argentino (1927-1983)



Ilustración: Jan van Eyck, flamenco (1390?-1441)
El matrimonio Arnolfini (1434)

Sugerencia: Concierto para violín  
"A la memoria de un Ángel" de Alban Berg



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jueves, 2 de mayo de 2019

Molinos de viento n° 1


Boletín de Artes y Letras - Enero 2019

Director: Osmar Luis Bondoni



AMOR CONSTANTE
MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera

Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera

Dejará la memoria, en donde ardía;
Nadar sabe mi llama la agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,

Venas que humor a tanto fuego han dado,
Médulas que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejarán, no su cuidado;

Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

QUEVEDO (Francisco de Quevedo Villegas), español (1580-1645).




CUANDO ELLA


cuando ella abre los ojos las horas despiertan

respiran como matas de hierba al amanecer
como pájaros en la mañana del día siguiente
cuando ella extiende sus brazos la máscara cesa
el olvido cesa las orugas reinician su marcha
cuando ella vuelve a nadar en el agua dormida
la tierra entrega sus llaves sus momentos propicios
su amapola de maíz
una lluvia de azufre una bandera en llamas
cuando ella mira a lo lejos
se disuelven las sombras y el nacimiento llega

EDGAR BAYLEY, argentino (1919-1990)



Del Boletín seleccionamos los poemas transcritos.

Encabezado por "Improvisación soñada" de Wassily Kandinsky
finaliza con una sugerencia: Cuarteto para cuerdas N° 14, en Re menor, D 810,
"La muerte y la doncella", de Franz Schubert.

osmarbondoni@yahoo.com.ar

Agradecemos el envío


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